AND YOURS
10.2.11
15.3.10
Un juego al que todos quieren jugar
El calor que suscitan los ojos tras los cuales se ven los pensamientos, como si de simples cristales se trataran, es la base sobre la cual se forman las reglas y leyes del sexo.
Pierde quien se deja encandilar con los cálidos susurros al oído; cuando penetran en ti algo más que las palabras ardientes que te encaminan a la locura terrenal con ese silbeteo serpentino, tan incitador y vicioso.
Se pierde cuando en el juego bailan algo más que los cuerpos mojados en miel. Cuando el cariño inunda la cabeza más que al vientre; cuando las mariposas que se escapan por tu boca son cuentos que hablan de futuro y no canciones como elogios al presente.
Cuando el amor
ya no es locura.
Tablero de juego: una cama, un parque, una piscina, un coche, un sillón, una ducha, un hotel, una playa, un rincón oscuro de cualquier callejón, un ascensor a las tres de la mañana, una azotea...
No está muy claro cómo se gana. Algunos tienen la impertinencia de llamarlo amor; como si supieran lo que significara, como si el fin de este juego simple pudiera llegar tan siquiera a parecerse a una cosa tan compleja.
En mi opinión, se gana cuando te come la rabia al ver a otras personas jugar cuando no es contigo. Ganas cuando ya no quieres compartir tu juego con jugadores anónimos, cuando tu contrincante tiene nombre propio.
En definitiva, cuando pierdes. Cuando eres capaz de perder para ganar, cuando entiendes que merece la pena arriesgarse a que te hagan daño.
Correr el riesgo de que te pasen ambas cosas, perder y ganar, perder o ganar, es lo que nos hace verdaderos ganadores. Tanto en el amor, como en todo.
2.12.09
Confesiones
los mimos
y los transexuales

13.10.09
Glíglico
Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68
Quiero follar(te). Si te das por aludido, no dudes en llamarme...
23.8.09
Memorias de una puta
Miento. Miento de una manera instintiva e inocente que no afecta a nadie más que a mí. Me miento cuando miento a lo demás sobre pequeños detalles de mi vida. Insignificantes, mediocres momentos que transformo sutilmente en maravillas o en cosas igual de mediocres pero distintas.
Por pereza, porque a veces la realidad de mi vida se acompleja y es demasiado trabajoso contarla tal cual, en una sucesión infinita de porqués y peros que acaban en un "no lo sé" a gritos para evitar la angustia del infinito.
Por envidia, porque mis expectativas no se ven cumplidas en mí y deseo fervientemente ser, estar o parecer como el otro.
Por avaricia, porque siento que con lo que diga puedo abarcarlo todo según lo diga así o asá, alimentando las siguientes mentiras con ese deseo y construyéndome a mi misma bella y esplendorosa sobre una torre inmensa de excrementos.
Por gula, por el apetitoso sentido del todo-cabe-en-estas-palabras, por el sabroso momento de gloria del ser que no es, siendo lo que quiere ser.
Por ira, porque me avergüenzo de muchas cosas y deseo destruirlas y que se pudran en el pozo de la verdad, en ese lugar donde todo duele tanto.
Por lujuria, por los pensamientos orgásmicos que podrían ser verdad. Por la satisfacción de ver el placer, de ser el placer de mis palabras.
Por soberbia, porque aprendí a querer ser perfecta y no puedo no serlo, no quererlo. Por no permitirme pasar de la raya y por no querer admitir que muchas veces me he pasado o no he llegado.
Miento. Para ser la persona que ya soy, la persona que la gente ve y que yo aún no veo.

