AND YOURS
5.11.11
Tú, mi odio y El País de Tus Pesadillas
Que sin sueño, sin hambre, sin tiempo
No hago más que dormir, comer y perderlo
Me encuentro fatal. Y mi vida tiene que continuar hacia delante pero ojalá pudiera seguir sin mi
Mi esfuerzo, mi ánimo, mi fe
Se va con cada humo del cigarro
Con cada moco que me saco de la nariz
Con cada lágrima que derramo dormida
Cada falso orgasmo. Cada palabra de autocompasión...
Cada patada que te daría porque CUÁNTO TE ODIO y cuánto daño me has hecho. Daño que sólo te pueden hacer las personas que de verdad quisiste
Mi corazón en tu mano y lo pisaste
Lo que recuperé y me puse en el hueco del pecho no es más que una tela ennegrecida de sangre seca y tus locuras de drogadicción
Sonrío y camino
Sólo paro a vomitar cuando vuelve tu olor a rata muerta
A círculo de mentiras, a ego ridículo, a falsa coraza de buena vida que cubre tu odio, tu miedo y tu mundo paranoico al que a nadie dejas entrar
Quédate allí dentro y no hagas daño a nadie más
Quédate allí dentro con tus princesas tatuadas
Nunca volveré, claro que no
Nunca volveré al País de Tus Pesadillas
10.2.11
15.3.10
Un juego al que todos quieren jugar
El calor que suscitan los ojos tras los cuales se ven los pensamientos, como si de simples cristales se trataran, es la base sobre la cual se forman las reglas y leyes del sexo.
Pierde quien se deja encandilar con los cálidos susurros al oído; cuando penetran en ti algo más que las palabras ardientes que te encaminan a la locura terrenal con ese silbeteo serpentino, tan incitador y vicioso.
Se pierde cuando en el juego bailan algo más que los cuerpos mojados en miel. Cuando el cariño inunda la cabeza más que al vientre; cuando las mariposas que se escapan por tu boca son cuentos que hablan de futuro y no canciones como elogios al presente.
Cuando el amor
ya no es locura.
Tablero de juego: una cama, un parque, una piscina, un coche, un sillón, una ducha, un hotel, una playa, un rincón oscuro de cualquier callejón, un ascensor a las tres de la mañana, una azotea...
No está muy claro cómo se gana. Algunos tienen la impertinencia de llamarlo amor; como si supieran lo que significara, como si el fin de este juego simple pudiera llegar tan siquiera a parecerse a una cosa tan compleja.
En mi opinión, se gana cuando te come la rabia al ver a otras personas jugar cuando no es contigo. Ganas cuando ya no quieres compartir tu juego con jugadores anónimos, cuando tu contrincante tiene nombre propio.
En definitiva, cuando pierdes. Cuando eres capaz de perder para ganar, cuando entiendes que merece la pena arriesgarse a que te hagan daño.
Correr el riesgo de que te pasen ambas cosas, perder y ganar, perder o ganar, es lo que nos hace verdaderos ganadores. Tanto en el amor, como en todo.
2.12.09
Confesiones
los mimos
y los transexuales

6.10.09
Reencuentro
porque ya no lloro por tí,
por el abrazo que nos hemos dado.
17.9.09
Carta de una ratita a su enamorado
Reunir el valor suficiente para darte en la cara con la soledad, con un fraude tan grande como (¿)nuestra(?) historia. Reunir la fuerza para que todo parezca una maldita putada, para que me odies o me olvides. Y muy a mi pesar es la única manera que se me ocurre de dar final a esta cosa-que-no-es-ni-un-si-ni-un-no que tenemos.
No creas q es porque me canso de ti, de las conversaciones tan sosas de los últimos meses. Es otra cosa. Es un egoísmo que tú no tienes y que yo tengo por tí. Un darme cuenta de que hago las cosas mal, y tu tan feliz, maldito imbécil. Y si tengo que hacer que me odies con esto para compensar que no me odias por lo otro, pues lo hago.
Y es que a mi manera dulce y simpática te he utilizado. Que soy más corrupta que el demonio, con mis ojos de chiquilla ingenua y mi hablar de ángel. Una putrefacción de persona a la que aprecias, a la que amas, conformándote con las necesidades de una niña caprichosa a la que no le complace quien ella quisiera, y te da lo necesario para que la ames un rato, para hacerla sonreir y que bromee y olvide su vida de ratita prostituta por un instante.
En el fondo me das asco. Te conformas con la sombra de las migajas. Pero no te culpo, al fin y al cabo ni siquiera lo sabes, lo sabías...
Te he dado siempre mil señales, pero tú nunca lo viste, soy demasiado sutil, demasiado simbólica, y a veces es un problema. No tener tu nombre en mi teléfono, sólo una letra, hablarte tanto de Él, las conversaciones, las canciones... "It aint me, babe", Johnny Cash y June Carter, y tu tan ciego. Tú no eres Johnny y yo no soy June; yo soy Johnny, tú eres la mujer de Johnny, y Él es June.
Y aunque ni siquiera te lo crees al decirlo, no te importa que te haya utilizado...pero a mí sí me importa, joder. Quiero corregir mis errores. Perdóname, contigo he sido más sincera que con nadie en mucho tiempo. Soy consciente de que te he ayudado a superar ciertos miedos, pero siento que me miento si sigo como si nada charlando contigo. Prefiero cortar de raíz.
Tengo pánico a que recaigas en desconfianzas enfermizas, pero el riesgo merece la pena. Odiame, por favor."
27.8.09
Desconocidos
Llevaban toda la vida juntos. Ella era la guapa del barrio y ninguno había conseguido conquistarla. Él era el chulo caradura que lo consiguió.
Pronto se fueron a vivir juntos muy lejos del lugar al que pertenecían y comenzaron a generar su paraíso particular en aquella ciudad con playa, donde todo parecía una mezcla de irreal y la vida misma en su estado más puro. Se amaban. También mutuamente.
Él veía la salvación en los grandes y luminosos ojos de Ella, el fin de sus años de exceso y su ascensión a los cielos de la mano de un ángel. Ella veía un mundo entero a través de los de Él, un horizonte muy lejano y todo el tiempo del mundo para llegar hasta allí con Él, por Él.
Pasado un tiempo Él comenzó a trabajar muy lejos de su paraíso, y se quedaba muchos días lejos de Ella, que esperaba soñadora y triste su regreso. Las noches que Él volvía de las largas semanas fuera de casa eran apasionadas, pero el tiempo las acomodó en una rutina que ensombreció un poco su paraíso.
Ella notaba más que él la soledad los días que Él trabajaba, pues se quedaba sola en su paraíso, y empezó a echar de menos el barrio y a despreciar, aunque avergonzada, a Él por dejarla sola tanto tiempo. Él pasaba el día entretenido y sólo pensaba en la vuelta a su paraíso, pero poco a poco dejó de incluir a Ella en ese pensamiento, pues hacían la vuelta a casa menos agradable.
Tuvieron hijos, y Él y Ella se olvidaron un poco respectivamente para estar pendientes de su descendencia. A medida que éstos se hicieron mayores, Ella y Él comenzaron a sentirse solos, y en Ella y Él fue creciendo la vergüenza al acercamiento. Cuanto más solos se sentían, menos se acercaban el uno al otro.
Y así pasó, que Ella se rindió al dolor y dejó caer toda la culpa sobre Él. Y Él tragó ese dolor y generó un agujero negro donde todo caía, donde caía la pena y no manchaba, donde caía la culpa y no se sentía, donde caía el amor...
En su paraíso comenzó a llover. Ella se convirtió en cualquier mujer, amargada y desesperada por recuperar lo que fue, inquisitiva con Él en todo momento. Él comenzó a preguntarse quién era Ella, y comenzó a buscarla en otras mujeres, siendo un cualquiera.
Cada noche era como un pecado y una caída a los infiernos. Era una obligación dormir en la misma cama, Él con Ella, Ella con Él, como siempre. Pero a la vez era tan tenso y tan raro. Tan molesto... pues ¿quién era Ella? y ¿por qué él ya no parecía Él?
No supieron parar a tiempo. No podían, eran su vida y bajo ningún concepto querían destruir su paraíso. Pero en éste comenzó a tronar, y los rayos de tormenta dejaron en el ambiente un olor a quemado que hacía irreal los sentimientos, y el esfuerzo.
Pasaron los años y a pesar de todo siguieron juntos. Él odiando a Ella por ser tan autoritaria, tan bruja. Ella odiando a Él por ser tan imperfecto, tan frío. Juntos en su paraíso, que desde aquella tormenta se quedó con el cielo gris, con una mala luz que generaba sombras en cada esquina. Solos, pero en su paraíso.
25.8.09
Carolina
El instinto la hacía consciente desde muy joven de que follar era el acto más sucio y más puro que se conserva hasta nuestros días. Lo adoraba.
Carolina aspiraba a ser prostituta. Creía que ese era el camino para la ascensión a los cielos: la purificación del alma, decía, sólo puede conseguirse a través de la degradación total del cuerpo. Argumentaba que, si el ser pecaminoso se abandonaba por completo a los placeres terrenales, éste se degradaría y, al desprenderse a cachos del alma, la dejaría libre y en su estado más puro.
Y con esa idea Carolina justificaba por qué no se enamoraba nunca, por qué no permitía a sus sentimientos inmiscuirse en los de todos los hombres q pasaban por su cama. Justificaba así por qué no dejaba más que cosas materiales en la cama de aquellos hombres, como el olor, unas medias, un pintalabios...pero no palabras, ni símbolos, ni sentimientos.
Carolina era la penitencia de un alma de mujer. La redención de una religión de hombres, de un mundo de hombres.
Santa Carolina, madre de la tentación. Carolina, la diosa Lujuria.


