AND YOURS

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27.1.11

Preguntas a un yo roto y decolorado

¿A quién le correspondía enseñarme lo que es la autoestima?
¿Qué clase acerca de la moral me perdí?
¿Quién me arrancó el amor propio? ¿Quién es el verdadero mártir?

¿Qué clase de vida pretendo tener encerrada entre los parietales y el esfenoides?
¿Cuándo acabará esta jodida clase y podré salir al recreo?
¿Qué niño me robará hoy la merienda y el corazón?

¿Por qué la tiza no pinta sobre la carne? ¿Por qué la carne huele tan mal, tan a podrido? Que aún está fresca pero ya se atisba la mano de la muerte sobre sus tejidos ¿Por qué?

¿Por qué te quiero tanto? ¿Por qué? ¿Por qué 'P.O.D'? ¿Por qué 'Rammstein'? ¿Por qué 'Tool'?

¿Por qué no soy tan perfecta como debería? ¿Por qué no me veo perfecta como lo que soy?

¿Cómo es que esa frágil mariposa de cerca no es más que pelos, antenas e instintos asesinos? ¿Será que la noche vuelve loco a cualquiera? ¿Será que los vampiros visten de cuero y beben Jack Daniels? ¿Será que las niñas buenas lo único que quieren hacer es morir?



Y el valor, ¿lo valoro? Y al perdón ¿lo perdono?
Y esta puta vida, ¿la vivo o sólo me dejo vivir?

¿Y por qué imploro tus besos? ¿qué tendrán? ¿Qué me das que yo no tengo?
¿Por qué hay media persona de mí en ti? ¿Por qué la otra media la perdí?
¿Por qué pensar que algo se me escapa cuando cierro los ojos, cuando la noche se hace día, y nada ha cambiado y nada me hace sentir y pasa el tiempo y si no es a tu lado no puedo dormir?

¿Y si la muerte me lleva? ¿o el delirio? ¿o el olvido? ¿o la estoicidad? … ¿te echaré de menos desde allí?

15.3.10

Un juego al que todos quieren jugar

Empíricamente hablando, la vida nos da lo que esperamos de ella. Lo que mostramos con el cuerpo, las imágenes que se dibujan en los recovecos pecaminosos de nuestra fantasiosa mente y que bailamos con las palabras sugerentes, las miradas provocativas, las risitas tontas...

El calor que suscitan los ojos tras los cuales se ven los pensamientos, como si de simples cristales se trataran, es la base sobre la cual se forman las reglas y leyes del sexo.

Pierde quien se deja encandilar con los cálidos susurros al oído; cuando penetran en ti algo más que las palabras ardientes que te encaminan a la locura terrenal con ese silbeteo serpentino, tan incitador y vicioso.

Se pierde cuando en el juego bailan algo más que los cuerpos mojados en miel. Cuando el cariño inunda la cabeza más que al vientre; cuando las mariposas que se escapan por tu boca son cuentos que hablan de futuro y no canciones como elogios al presente.


Cuando el amor
ya no es locura.


Tablero de juego: una cama, un parque, una piscina, un coche, un sillón, una ducha, un hotel, una playa, un rincón oscuro de cualquier callejón, un ascensor a las tres de la mañana, una azotea...

No está muy claro cómo se gana. Algunos tienen la impertinencia de llamarlo amor; como si supieran lo que significara, como si el fin de este juego simple pudiera llegar tan siquiera a parecerse a una cosa tan compleja.

En mi opinión, se gana cuando te come la rabia al ver a otras personas jugar cuando no es contigo. Ganas cuando ya no quieres compartir tu juego con jugadores anónimos, cuando tu contrincante tiene nombre propio.

En definitiva, cuando pierdes. Cuando eres capaz de perder para ganar, cuando entiendes que merece la pena arriesgarse a que te hagan daño.



Correr el riesgo de que te pasen ambas cosas, perder y ganar, perder o ganar, es lo que nos hace verdaderos ganadores. Tanto en el amor, como en todo.

31.12.09

Fin de año

Nunca he entendido muy bien lo del balance de las cosas buenas y malas que se hace cuando acaba un año. Ni los propósitos para el año que viene; ni las reuniones familiares, las felicitaciones navideñas, los belenes, las luces, las uvas ¿por qué doce? vale, por los meses, pero... ¿por qué uvas?

Este año ha sido triste y duro, desde el mismo comienzo si lo pienso, pero aún así tengo una extraña sensación de plenitud conmigo misma. Siento que he conseguido muchas cosas este año, y yo creo que por eso no percibo que haya ido tan mal.

Odio las navidades de siempre, aunque no me una a los mensajes de "feliz falsedad", pobresniñosdeáfrica y toda esa tendencia rebelde pasada de moda. Odio la navidad, a pesar de celebrarla siempre, por un motivo cierto y cercano a mi vida: odio la navidad porque odio a mi familia.

A mis padres no les va bien; mi madre cada vez está más loca, y miro a mi padre y veo un agujero negro de sentimientos, la depresión con mayúsculas. Siempre les he odiado, aunque la sociedad lo considere como una etapa rebelde llamada adolescencia que luego se pasa. No se pasa, se camufla, te lo tragas como buen adulto; pues siempre tendré en mente la frase "yo no decidí nacer", ni ser vuestra hija ni tener esta familia... ¿por qué tengo que soportar a cantidad de personajes de distinto rango jerárquico, ruidosos y tarados todos y cada uno de ellos, porque se trata de "mi abuelo", "mi tío", "mi madre", "mi primo", "mi hermana"?

Las circunstancias me han hecho anárquica, o más concretamente una especie de díscola estrafalaria, camuflada en la sociedad como una chica lista y responsable, que llegará a ser una mujer adulta decente y de provecho. Una vida triste como la de mucha gente... ¿Cómo voy a escribir sobre lo magnífico de la vida, solamente? ¿Cómo no mezclarlo con mi cruda realidad y hacer belleza del fango?

Celebro la navidad, porque la odio. Y por eso no puedo escribir "Felices Fiestas" sin un pero, sin una mueca de dolor. Pero puedo escribirlo, a pesar de todo: FELICES FIESTAS. Salud, amor y fuerza.

22.11.09

Skycity

Bailar con los brazos extendidos, buscándote. Esperando que el azar coincida con mis ganas de abrazarte. Que por casualidad nuestra espasmódica danza se pare con un beso, que se pare el mundo.

Me muero de frío al amanecer, cuando ya nada importa, ni lo que pasó ni lo que no. Hablo con la boca ideas que no me salen de la cabeza. Y el azar quiere que diga cantidad de inconcreteces que te hacen reir, y yo no sé por qué, pero sigo porque me gusta tu sonido. Éste tampoco sale de tu boca, sale de tus ojos.

Y cuando por un segundo consigo enfocarte, veo que existes de verdad, y que puedes mirarme porque sabes que existo.

Nos vamos. Volamos por encima de los borrachos tirados en esquinas y de las sombras que follan en callejones, sobre un mar de líquidos corporales y etílicos desparramados por el suelo, hasta encontrar nuestro propio sitio para fusionarnos con las sucias paredes de esta ciudad y fusionarnos nosotros mismos.

Y ni tú eres tú, ni yo soy yo, ni importa que lo seamos...

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Mientras la noche se hace día entre el nudo de nuestras piernas, volvemos a sacar un poquito de nosotros mismos. Abrimos el cajón, saltan cosas. Mientras tu espalda se llena de sudor las mariposas se mezclan con las moscas, lo verde con lo gris. Y se me sale por la boca.

La habitación huele a tabaco, a cetona, a latex, a sudor, a desodorante, a colonias mezcladas, a saliva, a semen...a sexo...

Y entonces, por fín, nos desfasamos con el tiempo. Porque las calles vuelven a nacer, la gente despierta cuando nosotros dormimos, la vida pasa cuando nosotros nos paramos, el ruido llega cuando guardamos silencio.

Tu habitación es un mundo aparte, en el que puedo estar tranquila, en el que nadie sabe si te beso, te chupo o te muerdo, ni qué momento ni en qué lugar, ni si en la piel o en el corazón. Si nos miramos o nos ignoramos.

Porque en el mundo real probablemente me odies o me olvides, pero entre estas cuatro paredes soy una diosa a la que sometes, un ángel al que apaleas o un vampiro al que ofrendas.

No se puede vivir mejor...

25.10.09

Con el primer canto del día

"Controla tu embriaguez. Pon atención a lo que te están contando que es importante y mañana lamentarás no acordarte". Pero al día siguiente no reduerdo ni que me tenía que acordar de algo...no recuerdo el quién, ni a qué hora de la madrugada, ni el tema, ni su importancia, ni si realmente existió tal conversación, ni la cara de pena o de regocijo de la persona anónima que me confió un secreto...Pero recuerdo el vacío, el intento de escribir sobre papel mojado.

Y recuerdo las vueltas a casa a la mañana siguiente, porque todas son la misma: salir del metro y que el frío se te pegue en los huesos. Ese último esfuerzo antes de que se acabe todo, antes de que todo vuelva a empezar...y donde me como tanto la cabeza. Aún está oscuro, alguna nube clarea la triste escena en la que estoy sola. Dos extranjeros no ven ni existen casi, y se besan pegándose, o se pegan a besos. A veces la gente madruga, y me mira raro cuando se cruza con mis ojos despintados y vacíos.

Pienso en anoche. Me lo he pasado bien; de puta madre incluso. Pienso en que me gusta mi vida (o no), en que mañana seguiré adelante con todo (o no), en que soy quien quiero ser (o no), o en que al menos lo intento (¿y si no?). El caso es que nada de eso importa, porque sólo me lo planteo para no pensar que vuelvo sola a casa, que una parte de lo que hago es para olvidar que en todos los corazones hay un pozo negro, y que en el mío hay cosas al fondo que no puedo recuperar, que se me cayeron hace no mucho pero que ya están tan lejos...tan al fondo.

Mientras juego con el eco en ese pozo la realidad me distrae. Paso por el parque de al lado de mi casa y todas las madrugadas pienso en quedarme allí sentada un rato antes de subir a caer en coma. Por los pájaros. Desde algún árbol siempre suena tímidamente el primer piar cuando yo paso. Está todo tan vacío que se oye todo el encanto de ese sonido, toda la inocencia y la alegría y la belleza que contiene. Me encanta, porque me distrae de mi propia mierda y me hace observar por unos segundos la hermosura de las madrugadas.

De este modo, cuando subo a casa, los tres tramos de escaleras que me matan, cuando abro la puerta y me encojo hasta por dentro para hacer el menor ruido, cuando mis padres me preguntan que tal la noche y me regañan hasta en sueños, cuando inspecciono la nevera y quémierdasólohayheladosdelimónquemerecuerdanati, cuando me lavo la cara y me miro al espejo y parezco un cuadro corrido, cuando me meto en la cama y está tan fría que lloro...

De este modo no me derrumbo. Pienso en el pajarillo solitario cantando en el chopo blanco, pienso en que él ha dado el disparo de salida para mi carrera por la supervivencia del día siguiente. Y que, por tanto, morir hoy no tiene sentido, porque mi muerte era ayer.

25.8.09

Carolina

Todas las noches, al acostarse, se masturbaba. Su ritual variaba según estuviera sola o acompañada, pues muchas veces esa declaración de amor solitario se convertía en un juego de dos, actor y espectador, amo y sometido, o dos animales; pero todo empezaba con la masturbación.

El instinto la hacía consciente desde muy joven de que follar era el acto más sucio y más puro que se conserva hasta nuestros días. Lo adoraba.

Carolina aspiraba a ser prostituta. Creía que ese era el camino para la ascensión a los cielos: la purificación del alma, decía, sólo puede conseguirse a través de la degradación total del cuerpo. Argumentaba que, si el ser pecaminoso se abandonaba por completo a los placeres terrenales, éste se degradaría y, al desprenderse a cachos del alma, la dejaría libre y en su estado más puro.

Y con esa idea Carolina justificaba por qué no se enamoraba nunca, por qué no permitía a sus sentimientos inmiscuirse en los de todos los hombres q pasaban por su cama. Justificaba así por qué no dejaba más que cosas materiales en la cama de aquellos hombres, como el olor, unas medias, un pintalabios...pero no palabras, ni símbolos, ni sentimientos.

Carolina era la penitencia de un alma de mujer. La redención de una religión de hombres, de un mundo de hombres.

Santa Carolina, madre de la tentación. Carolina, la diosa Lujuria.